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Todo es un poco más caro, todo es un poco más pequeño, todo es un poco peor

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Joan Tubau
ago 22, 2026
∙ De pago

La RAE define la inflación como “la elevación del nivel de precios”.

La inflación se presenta sin embargo en otras modalidades.

Estas son las tres inflaciones que sufrimos de manera simultánea.

1. Precio

La inflación que todos conocemos: el encarecimiento de las cosas.

No es que todo esté más caro, lo que pasa es que el dinero vale menos. Es importante hacer este apunte porque hay algunos que se creen ricos mirando lo que les entra. La nómina es solo un número, lo importante es lo que puedes comprar con ella. Y la realidad es que con cien mil pesetas vivía una familia de los 90 y con dos mil euros compartes habitación hoy. Hace poco salías con un billete de 20 y ahora no te da ni para una copa. El incremento de precios no sería un problema si se ajustaran salarios y pensiones a final de año. Pero es que no se ajustan correctamente. Se utiliza el IPC, el Índice de Precios del Consumo, para realizar ese cálculo. Dicen los políticos que el IPC está alrededor del 3%, pero los precios están subiendo mucho más. El IPC queda sistemáticamente por debajo de la inflación real y los ciudadanos van perdiendo poder adquisitivo. Como vivimos rodeados de analfabetos financieros, son muchos los que nunca llegan a darse cuenta. “Gracias Pedro Sánchez por subirme la pensión un 3%”.

Añádele ahora la avaricia impositiva. Nadie deflacta el IRPF y pronto estaremos todos en el tramo máximo. La inflación complica además la protección del ahorro en el tiempo. Aunque fuera cierto ese 3% (¡que no lo es!), multiplícalo por dos décadas y te saldrá un incremento del 80%. Es decir, en el mejor de los escenarios el dinero pierde la mitad de su valor cada veintipocos años. En el peor, la hiperinflación, lo pierde todo de la noche a la mañana. Si el papel moneda siempre baja, es lógico que quieras quitártelo de encima. Eso te obliga a invertir, incluso en los momentos de peligro, porque la única certeza es que dejándolo en el banco se desvanece. Tienes, eso sí, que acertar con la cartera. La impresión descontrolada no solo ha repercutido en el precio de la vida, también ha generado burbujas financieras, en el mercado de valores o en activos como la vivienda. Todo está en máximos históricos, pero recuerda que son precios medidos en fíat. Para proteger tu poder adquisitivo no basta con ganar al IPC, tienes que ganar a la inflación real pagando luego el impuesto sobre las ganancias del capital. Del impuesto no te libras, aunque parte de esas ganancias son ficticias. Yo estimo que todo lo que no sea un retorno por encima del 8% estás perdiendo dinero. El problema es que para sacar ese 8% tienes que incurrir en un riesgo. Y aquí llega la enésima asimetría. Si ganas, Hacienda se lleva su parte. Si pierdes, te comes la pérdida.

2. Cantidad

La inflación que todos sospechamos: el empequeñecimiento de las cosas.

Hay una segunda inflación que se refleja en el tamaño. Cuando no se puede ajustar por precio, porque la elasticidad es alta, los productores ajustan por cantidad. Los americanos lo llaman shrinkflation. No se encarecen las cosas, se empequeñecen. ¿Te has dado cuenta que los helados son más pequeños? El Magnum grande de hoy es el Magnum mini de ayer. Lo que duele no son los 3 euros, es que te dure un bocado. El drama se repite en todos los productos y en todas las industrias, en las marcas premium y en las marcas blancas. En tu próxima visita al supermercado te animo a buscar paquetes con cantidades extrañas. Los espaguetis Gallo antes pesaban 500 gramos, ahora 450. El champú Pantene antes llevaba 300 mililitros, ahora 275. Entran aquí los genios del marketing, llamando XL a lo que siempre fue el formato estándar. Se piensan que la gente es tonta y razón no les falta. En los restaurantes observamos la misma dinámica. Si no vas a un sitio de confianza, te dejas fácil 50 euros por cuatro tapas. Yo entiendo que no les salgan los números pero no me gusta salir de allí con hambre. Como consumidor he decidido dejar de comprar en sitios que escondan la inflación reduciendo el tamaño, encuentro más transparente que suban los precios.

3. Calidad

La inflación que todos ignoramos: el empeoramiento de las cosas.

Esta es la más jodida de las tres. Cuando prohiban por ley subir los precios o reducir la cantidad, al empresario solo le quedará entregar un producto peor. Esto ya ocurre en el mercado de la vivienda. Ni loco me compro un piso zebra. No por el precio de burbuja, tampoco por el ridículo tamaño, sino por los pobres acabados. No quiero que se me caiga encima. Los periodistas, siguiendo la tradición argentina, llamarán avaricioso al promotor desde medios subsidiados, pero el problema nunca fueron unos márgenes ya escasos. Que se entreguen productos inferiores es la inevitable consecuencia de una economía en la que nadie se preocupa por los detalles. ¿Te has fijado que todo dura menos? Desde que se externalizó parte de la industria, son pocas las cosas que siguen funcionando. No solo los bienes materiales son de peor calidad, los servicios empiezan también a degradarse. Los profesionales de cara al público están como enfadados y solo unos pocos deciden tomarse en serio lo que hacen. La manipulación de los tipos de interés cambia sus preferencias temporales. Se entregan al consumismo, al perder la fe en su trabajo. Me quedo con la frase del fundador de Vitsœ, que citó Javier Cañada en Kapital: “Como tengo poco dinero solo puedo permitirme lo mejor”. La sociedad ha elegido el camino contrario. No se compran productos de calidad, no porque no tengan dinero, sino porque perdieron el buen gusto. Visten ropa que apenas dura unos meses, conducen coches chinos de hojalata y viajan reventando costes por los más horribles lugares. Buscan la felicidad en el gasto, pero solo encontrarán allí deudas, aglomeraciones y malas caras de una novia a la que no le sale la foto de la instagrammer.

La inflación no se detiene y los chivos expiatorios son cada día más absurdos: guerras, malas cosechas, barcos atascados. Como ya explicó el maestro Friedman, aunque son factores que pueden tener un impacto, la inflación se explica en última instancia por el incremento de la masa monetaria. Cuado en otoño la cosa se desmadre, se hablará del estrecho de Ormuz, del precio de la energía y de la crisis de los fertilizantes. El País culpará a Trump y La Razón a la Guardia Revolucionaria. La verdad es más incómoda: la inflación es la única vía de escape que los políticos encontraron para satisfacer las demandas imposibles de sus votantes. El mercado de bonos muestra nerviosismo con los últimos datos pero los déficits persistirán hasta que todo estalle. Solo existen dos salidas: dejar de imprimir y equilibrar con dolor los presupuestos públicos o disparar la inflación para diluir la deuda. No te quepa duda que elegirán la segunda. Se viene un tsunami que se llevará por delante lo poco que queda de la clase media, en una nueva sociedad que se dividirá entre propietarios y asalariados. Los que controlen los activos estarán a salvo. Los que vivan al día con su nómina se quedarán atrapados. Abróchate el cinturón, acumula todo el capital que puedas y levanta un fortín en el que refugiarte, que está a punto de llegar el mayor cambio social desde la caída del Antiguo Régimen.


El Proyecto K

El Proyecto K regresa en septiembre. Las fechas son el 8, 10, 15 y 17 en horario de 18.30h a 21h y la propuesta es la misma de siempre: ayudarte a construir una cartera indexada, diversificada y de bajo coste para proteger tus ahorros en estos tiempos de inflación descontrolada. No hemos abierto inscripciones todavía. Lo haremos el próximo lunes dando prioridad a aquellos que se hayan suscrito antes a la lista de espera, que recibirán un descuento del 10%. Si te lo estás pensando, apúntate y así recibirás el siempre juguetón correo de Pablo. El lunes decides luego si comprar.

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Todo a la vez y en todas partes

La inflación es la tormenta perfecta de la clase media.

Esta es la estrategia que yo utilizo para proteger mis ahorros.

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