Club de lectura K
Abro, junto a mi amigo Pablo González Vidal, un club de lectura financiero.
Exclusivo para suscriptores de Kapital Social y participantes de El Proyecto K.
La lista de libros que discutiremos:
03.25. Ulises y la comadreja. Georg von Wallwitz. 2013.
04.25. Recuerdos de un operador de acciones en la bolsa. Edwin Lefèbre. 1923.
05.25. Padre rico, padre pobre. Robert Kiyosaki. 1997.
06.25. La psicología del dinero. Morgan Housel. 2020.
07.25. El cisne negro. Nassim Nicholas Taleb. 2001.
08.25. Lo que aprendí al perder un millón de dólares. Jim Paul & Brendan Moynihan. 1994.
09.25. El banquero anarquista. Fernando Pessoa. 1922.
10.25. Poor Charlie’s almanack. Peter Kaufman. 2005.
11.25. El patrón bitcoin. Saifedean Ammous. 2018.
12.25. Un paso por delante de Wall Street. Peter Lynch. 1989.
01.26 El triunfo del dinero. Niall Ferguson. 2009.
02.26. El almanaque de Naval Ravikant. Eric Jorgenson. 2022.
03.26. El precio del tiempo (+ Rendimientos del capital). Edward Chancellor. 2023.
04.26. El hombre que descifró el mercado. Gregory Zuckerman. 2021.
05.26. Las trampas del dinero. Dan Ariely. 2018.
06.26. Pensar rápido, pensar despacio. Daniel Kahneman. 2011.
07.26. Camino de servidumbre. Friedrich Hayek. 1944.
08.26. Morir con cero. Bill Perkins. 2022.
09.26. Mil millones de mejillones. Fernando Trías de Bes. 2010.
10.26. El fabuloso mundo del dinero y la bolsa. André Kostolany. 1987.
11.26. Nuevo orden mundial. Ray Dalio. 2022.
12.26. Todo lo que he aprendido con la psicología económica. Richard Thaler. 2016.
El paseo
¿Qué libros leer cuando todos vamos tan escasos de tiempo?
Mi querido Robert Walser ofrece una respuesta en El paseo.
—¿Podría —pregunté con timidez— ver y apreciar al instante lo más esmerado y serio, y por tanto naturalmente también lo más leído y más rápidamente reconocido y vendido? Me obligará en alto grado a inusual agradecimiento si me hace el enorme favor y tiene la bondad de mostrarme ese libro, que, como sin duda nadie sabe con tanta exactitud como precisamente usted, ha encontrado el máximo favor tanto en el público lector como en la temida y, por tanto sin duda también, halagada crítica, y lo seguirá encontrando. No sabe cuánto me interesa saber enseguida cuál de todos los libros u obras de la pluma aquí apilados y expuestos es ese libro favorito en cuestión, cuya visión con toda probabilidad, como he de sospechar del modo más vivo, me convertirá en inmediato, alegre, entusiasta comprador. El deseo de ver al escritor favorito del mundo instruido y su obra maestra admirada, entusiásticamente aplaudida, y como he dicho probablemente de comprarla, me hormiguea y cosquillea por todos los miembros. ¿Puedo rogarle que me muestre ese libro exitosísimo para que el ansia que se ha apoderado de todo mi ser se satisfaga y deje de inquietarme?
—Con mucho gusto —dijo el librero. Desapareció como una flecha, para volver al instante siguiente con el ansioso comprador e interesado, y llevando en la mano el libro más comprado y más leído, de valor en verdad perdurable. Llevaba el valioso producto intelectual tan cuidadosa y solemnemente como si portara una milagrosa reliquia. Su rostro mostraba arrobo; su gesto irradiaba el máximo respeto, y con una sonrisa en los labios como sólo pueden tener los creyentes e íntimamente convencidos, me enseñó del modo más favorable lo que traía consigo. Yo contemplé el libro y pregunté:
—¿Podría usted jurar que éste es el libro más difundido del año?
—Sin duda.
—¿Podría afirmar que éste es el libro que hay que haber leído?
—A toda costa.
—¿Y es realmente bueno?
—¡Qué pregunta tan superflua e inadmisible!
—Se lo agradezco mucho —dije con sangre fría; preferí dejar tranquilamente donde estaba el libro que había tenido la más absoluta difusión, porque había que haberlo leído a toda costa, y me alejé sin ruido, sin perder una sola palabra más.
Ese libro que todo el mundo recomienda, ése es el libro que no hay que leer.


